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Angelo Caputi, al frente del Banco de Guayaquil

Hace 25 años llegó al Banco de Guayaquil. Para entonces ya tenía 10 años de experiencia laboral porque a los 15 ya trabajaba, pero en un nicho distinto al negocio bancario; era uno de los empleados de Panificadora Gran Pan, el negocio de su familia.

Angelo Caputi Oyague asumió desde mayo del 2012 la responsabilidad de dirigir el Banco de Guayaquil, una entidad con cerca de 1’500.000 clientes activos, la mayor red transaccional de la banca ecuatoriana y que otorga trabajo directo a más de 3.200 colaboradores a nivel nacional.

Los números no lo asustan, los conoce a profundidad y lo demuestra. Llegó a la Presidencia Ejecutiva del Banco de Guayaquil luego de la dimisión de Guillermo Lasso Mendoza, con quien mantiene una sólida relación personal y sobretodo laboral.

Su vinculación con la banca ecuatoriana arrancó en 1986 cuando él recuerda que aplicó en el Banco del Pacífico y “trabajé como analista financiero. Unos ocho meses después me llamaron para trabajar en el Banco de Guayaquil, inicié como Subgerente Financiero, a cargo de los presupuestos y el orden de las cuentas contables y de liquidez. Era una época muy difícil, en la que el banco no tenía la solvencia, ni la estructura actual”, detalla Caputi, quien durante su trayectoria también ha desempeñado otros cargos como gerente de Financiera del Sur S.A. Finansur (1988), Vicepresidente Ejecutivo de Finanzas del Banco de Guayaquil (1990), de su División Comercial (2004) y Vicepresidente Ejecutivo-Gerente General del Banco de Guayaquil (2010).

Su oficina, ubicada en el corazón de Guayaquil, permite una vista parcial al río Guayas. Tiene  varios portarretratos con su apoyo más valioso, su familia. Guayaquileño de nacimiento y graduado de economista en la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, se casó hace 25 años con Miriam Ycaza, tiene cuatro hijos: Ángelo de 22 años, Paolo de 19, Gian Marco de 16 y Romina de 13, de quienes afirma con un evidente orgullo: “Todos son deportistas y buenos alumnos”.

En sus funciones y detrás de su escritorio, Caputi, de 48 años, se ve tranquilo, no es muy expresivo con sus manos, pero se muestra seguro y se da tiempo para sonreír cuando la situación lo amerita. Se califica como persistente y pendiente del desarrollo del equipo humano con el que trabaja, razones que indica lo han llevado al sitial donde hoy se encuentra dentro de la compañía.

Con su familia, el traje se queda en casa y es una persona social, prefiere una buena tertulia con amigos, ir a misa y al estadio en familia a apoyar al equipo del cual es hincha, Barcelona Sporting Club. Juega fútbol una o dos veces a la semana y “los sábados son sagrados en la hora del almuerzo, es el momento familiar, no solo con mi esposa e hijos, sino con mis hermanos y mis sobrinos”.

En su primer trabajo en la Panificadora Gran Pan, de propiedad de su padre Angelo Caputi Campodónico,  manejaba las finanzas y administración del negocio. También aprendió a elaborar panes, una capacidad que perdió con el tiempo y de la cual solo le queda el placer de hacer pizzas para sus amigos y familia en el horno de leña que tiene en casa. De su padre, afirma heredó lo trabajador, de su madre Ana Oyague, destaca “su buena energía y vibra”.

Este economista, con una maestría en Administración de Empresas en el Instituto de Desarrollo Empresarial, IDE, vio su labor en el Banco de Guayaquil no como un trabajo, sino como un proyecto de vida. Su familia ha sido parte importante en este crecimiento como profesional y persona. “Siempre he contado con el apoyo de ellos, de mis hijos y mi esposa, nunca he recibido un reclamo por mi horario o vacaciones que hubo que acortar, pero ese es el trabajo, lo que he escogido y lo que soy”.

Angelo Caputi asegura que la visión de Guillermo Lasso fue liderar una institución de estructura, de áreas, procesos y comités, con decisiones a las que había que seguir para cumplir objetivos. El desafío que ahora asume al frente del segundo grupo financiero más grande del país se basa en esa línea, pero “en un banco innovador, con capacidad no solo de adaptarse al cambio, sino de saber anticiparte a ellos”.

Su propia visión es una entidad con un equipo humano grande y con “una actitud de crecimiento en servicios, donde todo el tiempo se tiene claro que nosotros trabajamos para nuestros depositantes. En el Banco de Guayaquil atendemos al microempresario y también al gran transnacional, a toda la gama con segmentos especializados, es fundamental que el cliente sepa que lo conocemos no por decírselo, sino porque somos un banco que lo ha acompañado y nos da orgullo ver su progreso”.