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La mejor decisión fue poner mi negocio

Trece años después de inaugurar su negocio, Carmen Villacrés mira la bodega de víveres en la que se encuentra y dice: “Sí, la mejor decisión que pude haber tomado fue poner mi negocio propio”.

Y es que al principio tuvo dudas y algo de temor por el nuevo reto. “Yo no quería, no estaba segura del cambio, en ese entonces quedé embarazada y no tenía quién cuide a mi hijo”, comenta esta emprendedora de 31 años, quien con el dinero de la liquidación de su trabajo anterior y la ayuda de su primo (Luis Mendoza)se armó de valor e instaló una tienda en Guayllabamba.

Conocida por su delicioso locro de papas, sus dulces chirimoyas y cremosos aguacates, esta parroquia rural de Quito la recibió al llegar de su natal Lago Agrio, en la provincia de Sucumbíos. Llegó junto a sus padres y hoy casi toda su familia vive en esta localidad, incluyendo su esposo Marcial y sus hijos Luis Gabriel, de 15 años, Jonathan de 13 y Steven de 7.

El negocio lleva el nombre de su segundo hijo, cuya edad coincide con los años de funcionamiento de su local Bodega de víveres Jonathan.

Ella se levanta muy temprano y atiende de 06h30 a 20h30 todos los días. “Por lo general yo soy la que administro, recibo los pedidos, vendo y hago todo, aunque mi mano derecha es mi primo con quien comencé el negocio. Mi esposo también trabaja como chofer, por eso me ayuda cuando tiene libre, al igual que mi hijo mayor”, agrega doña Carmen.

El inicio de su establecimiento fue una etapa dura, ya que tuvo que aprender el oficio y dedicarse a él por completo. “Decidí poner primero una tienda y con el tiempo fuimos incrementando los productos hasta que llegó a ser bodega. Ahora vendemos víveres, cosas para la limpieza, licores, arroz, azúcar, todo al por mayor y menor”.

Hace dos años, sumó el servicio de Banco del Barrio en su local lo cual ayudó a los visitantes de Guayllabamba y de otros sectores a ahorrar tiempo y dinero por la cercanía del local, ubicado en la avenida Simón Bolívar y 10 de Agosto.

“Aquí la gente viene de todos los barrios de la parroquia y de otras como Cusubamba o Puéllaro. Pasan pagando las tarjetas, los servicios básicos, cobran el Bono de Desarrollo Humano y se les ayuda en lo que se pueda cuando tienen preguntas. Cuando no había el Banco del Barrio aquí las personas teníamos que trasladarnos a Quito al C.C.I. Para hacer las transacciones y demorábamos cerca de una hora y media en hacerlo o ir al del sector de Carapungo donde también existía un banco”.

Doña Carmen indica que la fórmula de su éxito es la responsabilidad y constancia con la que maneja su negocio, así como la amabilidad con la que trata a sus clientes. “Es un trabajo muy sacrificado, ahora tengo una persona que me ayuda en casa para poder dedicarme por completo a la bodega”, dice.

Producto de este esfuerzo, la Banquera del Barrio instaló hace cuatro años -junto a su tienda- otro local en el que vende ropa para hombres, mujeres y niños. Este lo atiende con su prima María Luca y en él también cuenta con un Banco del Barrio para beneficio de la comunidad.